SAGRADA FAMILIA
Escondido en el pesebre de la sombra universal, con las galaxias de los instintos zodiacales por techo, breve paja coronando el estallido de tanta gloria, naciste en el frío de una seca noche. A tu derecha estaba tu madre, la Poesía. A tu izquierda, el Dolor, tu padre putativo, te extendía un cayado de imágenes. Cogías con tus manos el aire y abrazabas la cintura del viento, conocías desde tus primeros sollozos los conciertos del ruiseñor de la Aurora. Besabas el ojo de la luz en la niebla cálida del sentido. A tus plantas, el coro de los Pensamientos, los arquetipos de razas astrales: ángeles, arcángeles, tronos, virtudes, principados, dominaciones, querubines y serafines, tocaban ante ti el laúd edénico, dorado y sonriente del santo silencio. La pradera del sonido floreció en el vientre terreno de la dimensión, y los océanos repitieron para siempre tu nombre. Los pastores de los deseos, con sus rebaños de sueños en forma de nubes, los reyes de los bienes montados en camellos de riqueza con los tesoros de las profundidades invisibles del misterio, los pobres y los ricos te ofrecían los dones abstractos de su trabajo, la piedra o el altar de la existencia donde se enciende la llama del ser. Yo me vestí de pastor y te entregué la llaga de mi corazón envuelta en la alegría de tu sonrisa. Y la emoción anegó la habitación blanca de mi alma cuando pusiste tus labios sobre su latido.
NACIMIENTO DEL YO LIBRE
Tantas cosas como es el mundo, tantas hijas de Jerusalén del sentimiento, tantos hilos que se entrecruzan en el encuentro de una red sin término. Coordenadas, paralelos, eclípticas, figuras vivientes de traslúcida sombra. Barro pensado que alberga la etérea luz de una paloma. Esa armadura de enclaves e intersecciones verbales es el velo sólido de la palabra, un cuerpo de extensísimos miembros cuya cabeza sobrepasa la línea del tiempo, el límite didáctico de las sensaciones, los artículos de razón o los frágiles principios del árbol de la ciencia. Soñamos que rompemos la tela y que sobrepasamos la ley de la muerte, el tiempo y el movimiento mecánico de la máquina natural, el agua del infinito espacio. Lo conseguimos cuando vinculamos en el impulso de la sangre del sentimiento todas las células de la diferencia. Se conforma hacia las regiones ingrávidas de la ascensión la escala del espíritu, la salvación o la felicidad. Y el cuerpo del universo levanta la cabeza por encima de las aguas, rompiendo la continuidad carcelaria de la red, rueda imparable. Alcanzamos el rostro florido de Dios, en cuya dimensión desconocida nos crea y en cuyo espejo lo creamos nosotros en un recíproco beso. El perro del tiempo se encuentra bajo nuestra frente, lamiéndonos los pies; y en el arco del perfecto silencio paradisíaco el espectro de la música ha concluido, y somos el mismo ser congregado en una rosa cuya forma es la mente.
SENTIDO CONTRA RELATIVIDAD
La verdad es una piedra en forma de pensamiento que está suspendida en el aire. Quienes la ven se preguntan, ¿cómo se mantiene sobre las cosas, cómo no cae absorbida por la gravedad, el crimen, el pecado y el error? Unos la llaman locura, otros milagro, otros argucia. Para muchos es la bestia del escándalo. La acusan, la culpan de todos los males y la condenan. Pero la piedra sigue firme en su trono de inmovilidad. Ve envejecer y renacer el mundo, ve cambiar la moda de las estaciones, ve caducar a los árboles, ve sonreír a los niños. A los que alabaron su simple desnudo sin volutas, festones ni ambages les pareció la puerta de una estrella. Cuantos la contemplan, temen o aman su serena ley. Ninguna ave argumental ha superado su clave de bóveda. Y algunos, no obstante, para negarla, vuelven los ojos hacia la oscuridad del suelo. Las ramas de los árboles y las ramas del alma crecen hacia ella persiguiendo la trascendencia de su remota y misteriosa suspensión que abraza en su sustancia el universo. La verdad es un nombre. Ese nombre es Sentimiento. La ciencia del ver, con la lente pericial y voluble de la experiencia, se sostiene en ella y la describe en infinitos ángulos que se vuelven frutos o imágenes, conceptos o interpretaciones, pero nunca alcanza la definición. A través de su invisibilidad radiante percibimos el don de lo visible.
PAISAJE DE AMOR
En la selva profunda un corazón late. Desnudo de mí mismo, lejos de Alhambra y de su expansión idílica en chorros argumentales, entro en el fantasma dorado de la hojarasca. Sigiloso camina Cronos a mi lado, tocando con la cabeza mi arco. Mi piel se vuelve silencio. Mis pasos son ninfas del bosque, las sensitivas cuerdas de la lira del pensamiento. La impenetrable fortaleza de los troncos, con sus castillos de distante magnificencia, no me sorprenden en su extravagante verdor libre. Escucho el galope del caballo del viento. Está clavado el paisaje en la brújula de mi memoria. He recorrido los páramos disfrazados de ausencia persiguiendo ese latido constante como el fluir de una fuente viva. Me tropiezo con jabalíes, osos, conejos, venados, lobos, ventanas todos ellos de mi sentido, y evado como puedo sus silbos veloces. Sobrepaso la huella de las formas. Tengo sed y percibo una cascada de íntima inteligencia, pero el agua está escondida en la lejanía. ¿De quién huyo? ¿A quién persigo? ¿De qué está hecha la carne de mi deseo? Las preguntas alzan el vuelo como bandadas de aves sin respuesta. Sombras que bailan en el tumulto de la luz. Cada vez más cerca, siento el corazón latir como el de un longevo rey sobre su trono de melancolía. Me aproximo y me alejo al mismo tiempo de un centro cuyo eco es mi oído. Me detengo. Ahora estoy frente al corazón de la selva, que es la selva misma, y yo en ella.
jueves, 22 de abril de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
ALGUNOS POEMAS
I
MI NOVIA, LA LUNA
No me mires desde el espejo de mi sueño que es materia, deja serenos mis ojos, aparta tu cristal de mi pupila, que me enamoras y temo naufragar en tu blancura. Dueña de la noche del nacimiento, bella Idea suspendida en la sombra, sé el semblante mismo de la atención. Tu burbuja de transparencia profunda, novia y desposada mía, será la nave de mi pensamiento que viajará hasta el retiro de tu boca. No espero en esta noche oscura, fría e interna más que la bandera de tu cariño, la puerta de tu sentido y la pureza de tu silencio. Sostienes en tu curva líquida la extensión valiente del día futuro concebido en tu significado. Campana de la gloria y la presencia, caverna del sol, arca de la alianza entre lo consciente y lo inconsciente que hacia ti levanta la vista, limpia las lágrimas pasionales de mi rostro con tu mano, regálame la caridad de un niño, tu promesa. Por todos los siglos de la vida mecánica del mundo serás el alma, la patria del reino invisible del sentir, hasta que la metáfora ardiente del universo se desvanezca hilo por hilo en su velo sonoro, y Alhambra, el pueblo de la infancia o la resurrección, sea una ventana dorada esculpida en la inteligente sonrisa de la luz.
PERTENECIENTE A "EL GRADO DE LA AURORA"
II
Lámpara soy de ti,
aroma de tu fuego.
Tú enciendes luz en mí,
yo alumbro el mundo luego.
El mundo que es el alma,
planeta, isla, momento,
memoria, tiempo, calma,
raíz del pensamiento.
Respira el universo
por el pulmón del ser.
Todo cabe en el verso,
centro del comprender.
Lámpara soy de ti,
flor en campo de amor,
tú enciendes luz en mí,
tú, siempre surtidor.
Tú, siempre surtidor;
yo, siempre, río esquivo.
Tú te das en dolor,
yo en gozo te recibo.
Es tu rostro de oro
el pan que me alimenta,
emoción y tesoro,
gracia que sola alienta.
Gracia que sola alienta,
sustancia del sentir.
En tu mirada exenta
por siempre he de vivir.
III
BANQUETE
El camino o la sed hacia la fuente,
por los colores de las emociones
- las cosas que modelan lo presente
dentro del molde de los corazones-
discurre entre la noche y su occidente
-el miedo, cuyas estrellas son dones-
hasta el nido invisible del sentir
donde el tiempo abandona su fluir.
Allí, en la patria, descansa el viajero
en el jardín sin fin de la alegría,
aquel lugar hecho para su fuero,
aquel lugar que soñó ver un día,
prado de comprensión, paisaje entero
sin límites de diferencia fría,
vida cuyas formas se han diluido
en agua transparente de sentido.
El alba de la mente manifiesta
sin máscara de temor que la oculte
será el Dios, alimento de la fiesta,
llave de unidad, rostro que exulte
la flor de gozo de la mesa puesta
-vientre del Ser que en el espacio abulte-
amor sin fondo. árbol de la sustancia
que el espejo de la mirada escancia.
IV
IV
GLORIA
La vida, donde cielo y mar se juntan
-digo el sentimiento y el sentido-
es la sustancia de lo perseguido,
el destino que todos se preguntan.
El mar y el cielo infinito apuntan,
escala hacia el reino desconocido,
todo es recuerdo, aunque parece olvido,
todo son dioses que de un Dios despuntan.
La vida es la montaña de la mente,
y cuya superficie es la palabra,
de amor comunicado es su materia.
Todo confluye en su invisible frente,
que la patria del horizonte labra
más allá de la sombra y su miseria.
DEFINICIÓN DEL AMOR
No permitas que el tiempo en su camino
en la noche sumerja tu deseo;
lo que en principio vino
hoy sea tu trofeo,
el Dios de lo que ves y lo que veo.
No te abandones a la incertidumbre,
amigo, tu voluntad es la mía,
en ti mismo la cumbre
está en parusía,
esperanza que tu trabajo ansía.
Las cosas, hijas de tu Sentimiento,
Jerusalén, ciudad, razón, morada,
son despojo del viento,
son solo en tu mirada
apenas un destello, y luego nada.
En ti está la piedra de la firmeza
de la que mana el agua del consuelo,
la mente y la cabeza,
eternidad en velo
soñada majestad de un cierto anhelo.
El esfuerzo de tu inspirado viaje
en gloria conquistará la alegría,
infinito paisaje
total de la armonía:
palabra o música que anuncia el día.
Banquete sempiterno tu semblante
invisible cordero del amor,
es ley de fiel de diamante,
perpetuo surtidor
de formas hacia la patria mejor.
Si yo por cada célula viviera
¡oh amor! por cada una respirara
tu paz duradera,
los rasgos de tu cara
indefinidamente, y no acabara.
Paloma soy de tu nido preciso
-métrico espacio abierto a tu pupila-
volar mi boca quiso
hacia tu voz tranquila
y tú creaste el tiempo que vigila.
Espejo soy de tu mano de oro,
amor. En él, también, amigo, vives,
arpegio de su coro
de él vida recibes
y la verdad, amando, en ti concibes.
¿No es la realidad tan solo abrazo
del árbol de la vida con el mundo?
La materia es el brazo
del alma, sol profundo.
Somos en uno, amor. Dios en ti fundo.
VII
Ese universo soñado
esa semilla del Ser,
isla en el remoto haber
del Verbo, sentido amado
del que parte el existir
poco a poco, en sí ha de ir
siendo patria, eterno hado.
Se han de allanar los montes,
se han de elevar los valles,
hacerse de ríos calles
y una ciudad de horizontes.
Desde dentro, modelando
la llama del alma todo,
el tiempo alcanzará el modo
mientras sigue edificando.
La boca dice la vida
-la boca del sentimiento-
la esperanza trae el viento
en el espacio, la herida.
Ha de ser nuestra comida
esa palabra, el Amor,
y su alegría –el Señor-
una perfecta bebida.
Cuando se junten sueño y vida en dos
alcanzaremos el cuerpo de Dios.
DE "POEMAS DE LA LUZ INVISIBLE"
MI NOVIA, LA LUNA
No me mires desde el espejo de mi sueño que es materia, deja serenos mis ojos, aparta tu cristal de mi pupila, que me enamoras y temo naufragar en tu blancura. Dueña de la noche del nacimiento, bella Idea suspendida en la sombra, sé el semblante mismo de la atención. Tu burbuja de transparencia profunda, novia y desposada mía, será la nave de mi pensamiento que viajará hasta el retiro de tu boca. No espero en esta noche oscura, fría e interna más que la bandera de tu cariño, la puerta de tu sentido y la pureza de tu silencio. Sostienes en tu curva líquida la extensión valiente del día futuro concebido en tu significado. Campana de la gloria y la presencia, caverna del sol, arca de la alianza entre lo consciente y lo inconsciente que hacia ti levanta la vista, limpia las lágrimas pasionales de mi rostro con tu mano, regálame la caridad de un niño, tu promesa. Por todos los siglos de la vida mecánica del mundo serás el alma, la patria del reino invisible del sentir, hasta que la metáfora ardiente del universo se desvanezca hilo por hilo en su velo sonoro, y Alhambra, el pueblo de la infancia o la resurrección, sea una ventana dorada esculpida en la inteligente sonrisa de la luz.
PERTENECIENTE A "EL GRADO DE LA AURORA"
II
Lámpara soy de ti,
aroma de tu fuego.
Tú enciendes luz en mí,
yo alumbro el mundo luego.
El mundo que es el alma,
planeta, isla, momento,
memoria, tiempo, calma,
raíz del pensamiento.
Respira el universo
por el pulmón del ser.
Todo cabe en el verso,
centro del comprender.
Lámpara soy de ti,
flor en campo de amor,
tú enciendes luz en mí,
tú, siempre surtidor.
Tú, siempre surtidor;
yo, siempre, río esquivo.
Tú te das en dolor,
yo en gozo te recibo.
Es tu rostro de oro
el pan que me alimenta,
emoción y tesoro,
gracia que sola alienta.
Gracia que sola alienta,
sustancia del sentir.
En tu mirada exenta
por siempre he de vivir.
III
BANQUETE
El camino o la sed hacia la fuente,
por los colores de las emociones
- las cosas que modelan lo presente
dentro del molde de los corazones-
discurre entre la noche y su occidente
-el miedo, cuyas estrellas son dones-
hasta el nido invisible del sentir
donde el tiempo abandona su fluir.
Allí, en la patria, descansa el viajero
en el jardín sin fin de la alegría,
aquel lugar hecho para su fuero,
aquel lugar que soñó ver un día,
prado de comprensión, paisaje entero
sin límites de diferencia fría,
vida cuyas formas se han diluido
en agua transparente de sentido.
El alba de la mente manifiesta
sin máscara de temor que la oculte
será el Dios, alimento de la fiesta,
llave de unidad, rostro que exulte
la flor de gozo de la mesa puesta
-vientre del Ser que en el espacio abulte-
amor sin fondo. árbol de la sustancia
que el espejo de la mirada escancia.
IV
IV
GLORIA
La vida, donde cielo y mar se juntan
-digo el sentimiento y el sentido-
es la sustancia de lo perseguido,
el destino que todos se preguntan.
El mar y el cielo infinito apuntan,
escala hacia el reino desconocido,
todo es recuerdo, aunque parece olvido,
todo son dioses que de un Dios despuntan.
La vida es la montaña de la mente,
y cuya superficie es la palabra,
de amor comunicado es su materia.
Todo confluye en su invisible frente,
que la patria del horizonte labra
más allá de la sombra y su miseria.
DEFINICIÓN DEL AMOR
No permitas que el tiempo en su camino
en la noche sumerja tu deseo;
lo que en principio vino
hoy sea tu trofeo,
el Dios de lo que ves y lo que veo.
No te abandones a la incertidumbre,
amigo, tu voluntad es la mía,
en ti mismo la cumbre
está en parusía,
esperanza que tu trabajo ansía.
Las cosas, hijas de tu Sentimiento,
Jerusalén, ciudad, razón, morada,
son despojo del viento,
son solo en tu mirada
apenas un destello, y luego nada.
En ti está la piedra de la firmeza
de la que mana el agua del consuelo,
la mente y la cabeza,
eternidad en velo
soñada majestad de un cierto anhelo.
El esfuerzo de tu inspirado viaje
en gloria conquistará la alegría,
infinito paisaje
total de la armonía:
palabra o música que anuncia el día.
Banquete sempiterno tu semblante
invisible cordero del amor,
es ley de fiel de diamante,
perpetuo surtidor
de formas hacia la patria mejor.
Si yo por cada célula viviera
¡oh amor! por cada una respirara
tu paz duradera,
los rasgos de tu cara
indefinidamente, y no acabara.
Paloma soy de tu nido preciso
-métrico espacio abierto a tu pupila-
volar mi boca quiso
hacia tu voz tranquila
y tú creaste el tiempo que vigila.
Espejo soy de tu mano de oro,
amor. En él, también, amigo, vives,
arpegio de su coro
de él vida recibes
y la verdad, amando, en ti concibes.
¿No es la realidad tan solo abrazo
del árbol de la vida con el mundo?
La materia es el brazo
del alma, sol profundo.
Somos en uno, amor. Dios en ti fundo.
VII
Ese universo soñado
esa semilla del Ser,
isla en el remoto haber
del Verbo, sentido amado
del que parte el existir
poco a poco, en sí ha de ir
siendo patria, eterno hado.
Se han de allanar los montes,
se han de elevar los valles,
hacerse de ríos calles
y una ciudad de horizontes.
Desde dentro, modelando
la llama del alma todo,
el tiempo alcanzará el modo
mientras sigue edificando.
La boca dice la vida
-la boca del sentimiento-
la esperanza trae el viento
en el espacio, la herida.
Ha de ser nuestra comida
esa palabra, el Amor,
y su alegría –el Señor-
una perfecta bebida.
Cuando se junten sueño y vida en dos
alcanzaremos el cuerpo de Dios.
DE "POEMAS DE LA LUZ INVISIBLE"
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